TRAGEDIAS Y PRETEXTOS El lenguaje no sólo nos facilita la comunicación, especialistas en el asunto afirman que es el motor que nos ha permitido llegar hasta este momento histórico como especie. Los ciudadanos de a pie sabemos que las palabras construyen, pero que también destruyen y las que elegimos usar en un momento determinado, expresan nuestra cosmovisión; vestimos con palabras la forma como vemos y vivimos el mundo.
No es gratuito que elijamos una palabra y no otra, que unas nos gusten y nos suenen más que otras.  Pero cuando se es una figura pública, la forma de contar el mundo y sus acontecimientos delata la ideología, que en ocasiones, quiere esconderse detrás del discurso políticamente correcto.  Discurso usado todos los días por nuestros líderes políticos; por todos, de todos los tonos, pelambres y filiaciones supuestamente diversas y antagónicas.
Lo anterior quedó evidenciado en los tweets, que dos de nuestros regentes -porque llamarlos dirigentes es un honor que no se merecen- publicaron a propósito de la trágica violación de una niña indígena a manos de unos entes biológicos (supongo que lo son porque al parecer respiran y caminan, no voy a dignificar su existencia poniéndolos en la categoría de humanos).  Aclaro en este punto que no me importa en cual color estén inscritos los sujetos de los mensajes, porque estoy convencida que digan lo que digan, cada uno está interesado sólo en su propio beneficio, así que no le busquen tintes filiatorios a mi escrito porque todos serán siempre para mí un insulto.
Aclarado lo anterior voy a los textos.  Ambos fueron publicados el mismo día junio 24 (si quieren saber su autoría busquen en internet, tampoco me interesa nombrarlos).  El primero exponía “El delito de los 7 soldados duele por la niña, por su familia, por la unidad de un país multiétnico, por las familias de los soldados y por el nombre de nuestras Fuerzas Armadas que son pilar de nuestra democracia” de 40 palabras sólo 7 aluden a la niña, las restantes 27 están dedicadas a las fuerzas armadas y a la democracia que si son nuestras; porque la niña y su familia no se merecen el posesivo, esas no son nuestras.  Además la unidad es para el país, no para la niña y su familia.
Del segundo se podía leer: “Han violado una niña publica y lo hicieron siete funcionarios públicos armados y del gobierno. ¿Hacia dónde va el Estado en Colombia en tiempos de pandemia? Hacia una narcodictadura que ve a los excluidos de siempre como sus enemigos” de 39 palabras sólo 5 hacen mención a la niña, que aquí quedó hasta desprovista de individualidad: es pública.  Las otras 34 palabras están dedicadas a una amalgama de tópicos sin ningún nexo con el hecho: ¿qué tiene que ver está criatura con pandemias o narco-dictaduras? Pero aquí lo importante era hablar sobre el estado. 
La niña para los dos solo fue el pretexto que les permitió sacar a pasear, una vez más, su arrogancia y su ego.  Ninguno hizo el tan cacareado ejercicio de ponerse en los zapatos del otro, de ella, de la niña ¿Cuál de los dos vislumbró siquiera el horror que debió sentir durante más de 24 horas, en manos de los instintos más bajos de un grupo de atarvanes? ¿Cuál pensó por un momento en el terror de no saber que más harían con ella o si además de disponer de su cuerpo, también pensaban disponer de su vida?
Los dirigentes, dirigen y lo hacen con palabras, hacia donde ellos quieren.  Los seguidores, siguen y lo hacen en silencio hacia donde los dirigentes quieren.  Los demás y sus tragedias, solo son pretextos en ese juego.
P.D: En días recientes han aparecido más casos de niñas que se cruzaron en el camino de atarvanes.  Se me acabaron las palabras…

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