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Mostrando entradas de mayo, 2020
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EMULANDO A MISIA ADELITA Así le decían a mi abuela, todas las personas de La Frisola cuando en el camino desde el pueblo se detenían al frente de su humilde casa campesina a saludar, pretexto para recibir de manos de Misia Adelita aguapanela con limón en verano o aguapanela con leche y arepita pequeña en invierno.  La doña, adusta y fría, había criado sola cuatro hijos haciendo viandas para vender en el pueblo los domingos y batallando con una máquina de coser de pedal en la que inventaba, de cualquier retazo, falditas o pantalones cortos para los niños de la vereda.  Tenía en su habitación un baúl hecho con tarros de galletas, muy común en los pueblos antiguamente, cuyo contenido era para mí un cofre de corsarios; siempre quise saber que contenía, pero la señora nunca dejaba que ninguno de sus nietos estuviéramos a menos de tres metros cuando lo habría.  Cuando crecí olvidé el motivo de mi curiosidad y me enteré de tan preciado secreto el día que conversan...
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LAS DIFERENCIAS QUE NO RECONOCE EL DOLOR Dicen los que saben que el camino que se recorre al enfrentar un duelo tiene etapas reconocibles.  Los que han perdido a un ser querido se identifican con ellas, pero esa ruta desconoce las diferencias que hacemos los humanos respecto a la intensidad del duelo; esas discusiones en las cuales se trata de establecer cual perdida duele más de acuerdo con la cercanía, lo que nominan en los formularios como grado de consanguinidad, evadiendo aquello que cacaraqueamos mucho pero poco hacemos: ponernos en los zapatos ajenos. Entonces enunciamos nuestra sabiduría ancestral a los cuatro vientos: duele más la muerte del Zutanito que del Peranito dice uno, no que tal es peor la del Menganejo dice el otro, nooo jamás es peor esto sentencia un tercero.  Y cuando la presencia que falta es la de un animalito responden con una voz de conmiseración que va haciéndose inaudible a medida que se acaba la consabida frase: ¡Ah es que era un per...